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lunes, 21 de julio de 2014

La flor de la canela. Pilar Llamas.


  Ahí estábamos todos, sentados y atentos escuchándola recitar la poesía que le había dedicado su abuela. Así es como comenzó su ponencia. Su nerviosismo era evidente pero su desparpajo hizo que en menos de cinco minutos nos tuviera en su bolsillo.
A mi lado se encontraba su madre y al lado de esta lo hacia su padre. La emoción de ambos me hizo estremecerme, la manera de contemplar y admirar a su hija era algún tipo de magia. Casi me rindo ante la lágrima que esperaba derramarse desde mi ojo.

  En la esquina de la sala seguía ella, Pilar Llamas... Mi Pili, la Pili de Mula para esa pandilla de los recreos del instituto que terminó adjudicando este mote a la muchacha. Mote que a ella no le importa en absoluto y que viste orgullosa allá donde quiera que va.
Pilar, es las ganas y el esfuerzo hechos persona. La simplicidad, bondad y amabilidad hechas mujer. Porque eso es mi Pili...es toda una mujer. Viéndola allí me dí cuenta. Poco queda de la niña loca que conocí hace unos años, ahora sigue habiendo una loca (y ojalá que no se pierda) pero tiene la cabeza más centrada de lo que muchos reconocerían.

  Su ponencia seguía y en ella nos contaba la inspiración y el trabajo llevado a cabo para su proyecto fin de carrera. En él encontrábamos la mezcla de dos mundos, dos tipos diferentes de subculturas dentro de una misma cultura, dos tipos de vida y, en especial, dos mujeres distintas.
Su colección de moda: “La flor de la canela” se centra en las vidas de sus abuelas y en todo lo aprendido de ellas.
Resulta que su abuela materna era una mujer del campo, con costumbres y maneras de hacer que embaucaban a una niña y se guardaban en su memoria. Esta mujer, la dejaba experimentar y una pequeña Pilar realizaba sus primeros diseños y desfiles atando sábanas a su cuerpo para pasear por la era.
Sin embargo, de su abuela paterna, el recuerdo se vuelve más sobrio pero no por ello menos bonito. El luto, las fotografías de seres queridos, el sonido de un piano desafinado y los poemas que una entrañable señora dedica a la vida y la muerte también sirvieron para aliñar el carácter de la creadora.

Los vestidos presentados eran la mezcla de estas dos mujeres, como ya he dicho, y en ellos encontrábamos piezas de esparto, cortes rectos, caracoles tratados, volúmenes y formas que bien podrían valer para acudir a un baile de presentación de los que se hacían antaño como para asistir a un cóctel de media tarde de los que hacemos ahora.

  Tener a Pilar como amiga es una suerte y que me dejara participar en la sesión fotográfica que se hizo para la presentación de esta colección es uno de esos privilegios que siempre guardaré en mi memoria y en el hueco de las cosas bonitas de mi corazón. Vivir con ella la primera vez que vio sus prendas en alguien, conocer los lugares de su Mula natal donde ella veía esas prendas o a su abuela paterna fueron pequeños momentos que aprecio mucho más de lo que ella imagina.






Fotografía: Elena Lardin.
Modelo: Amelia Quetglas.


María Alemán.


jueves, 17 de julio de 2014

Sevilla.






Fotos: M¡guel Ortmartz.

    A veces lo mejor que puedes hacer es dejarte convencer, lo he aprendido estos últimos meses...Me he dejado convencer en contadas ocasiones y éstas han resultado ser las mejores no decisiones que he tomado en todo el año.

Me dejé convencer y me fui de viaje a Sevilla...Era mi segunda visita a la ciudad y fue tan diferente a la primera...Disfruté de sus calles, de su gente, de su arte, de su tranquilidad, de su encanto, de mi puente, de Triana...Disfruté como una niña, me perdí por sus calles y mi mente imaginó mil historias porque Sevilla es para eso. Es para imaginar, soñar y dejarse envolver por su esencia.
Aunque de lo que más disfruté fue de mi compañía. Ese mini viaje no habría sido lo mismo sin el girasol, el romero, el melón, la terraza, los chupitos, Juan, abrumarse, la Giralda, los paseos, perderse o Granada.



Nota 1: Sevilla NO huele a azahar...huela a caca de caballo. Y todo el mundo lo sabe.
Nota 2: En Sevilla NO hace calor. Calor hace en Murcia.





María Alemán.